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lunes, 21 de enero de 2013
Mil años, unos minutos.
Hola ¿qué tal? parece haber pasado mil años desde la última vez que te vi. He vuelto. Acabo de venir de un lugar perdido, mágico. No sé muy bien como explicarte. Empezaré desde el principio.
Estaba como en un universo, ¿verde? no no, color pardo. Había miles de soles iluminando aquel sitio. Estabas tú, estaba yo, nadie más, eso, era lo mejor de todo. Te encontré en la última esquina de la rotonda, te habías escondido bien eh. Parecías feliz, rectifico, estabas feliz.
Me sentía muy bien en aquel universo. Quizás por ti. Quizás por mi. Era maravilloso, todo era perfecto. Volaba de un lugar a otro, como y cuando yo quisiera. Saltaba y parecía no caer nunca, alguien me sujetaba y me cuidaba, tal vez tú. No me cansaba de estar allí. No estaba la hipocresía rutinaria. Solo estaba mi mente, suelta, perdida, imaginando todo y nada a la vez.
Me acerqué a ti. Te abracé, de repente nos besamos. No sé si era por aquel lugar o por qué, pero tras cada uno de los besos un escalofrío recorría mi cuerpo, era tan mágico como ver amanecer en el centro de la nada. Podía beber de tu sangre, penetrarla y estar dentro de ti, di un recorrido por todo tu cuerpo. Bum, bum, bum, ¿qué es eso? me pregunté, abrí los ojos como platos buscando el causante de tales temblores. Había llegado al corazón, no era tan bonito como la gente lo suele pintar, pero eso sí, era muy grande, enorme.
Cerré los ojos, ya estaba a tu lado, te echaba de menos ¿irónico? sí, mucho. "Has dejado tus huellas por mis venas" dijiste "y de ahí nadie las va a borrar." Sabes perfectamente como sacar unas de mis mejores sonrisas
Dimos un paseo entre brinco y brinco. Era infinito, podías ir de una estrella a otra, pasarte a reposar en un mundo. ¿Martes? tan rojo como dicen, para mi gusto Urano es más bonito. Nos paramos un rato a descansar en Júpiter, nos tumbamos. Giré la cara y te miré. Éramos minúsculas gotas de polvo en un gran universo. Y tú, pequeña gota de polvo, eras lo más grande para mi. Respiro de ti; vuelo por un soplido tuyo; ¿tu sonrisa? el mejor cuadro de todos. Mientras te miraba y te fotografiaba con mi mente, cerré los ojos, me invadió el sueño.
Al abrirlos ya no había nada de aquel universo. Solo tú frente a mi, con esa gran sonrisa. Entonces descubrí dónde había estado todo este tiempo, todo este tiempo que había sido en realidad simples minutos.
Me había perdido, me había perdido en el universo de tus ojos.
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