Hola pequeña ¿qué tal la noche? la mía mal. Soñé que dormías al lado mía, abrazada a mi torso, sentía tu corazón en mi espalda, latiendo con fuerza, mucha fuerza. Se grabó en mi cabeza el ritmo de tu respiración.
Mi corazón fue entregado a tu alma como acto de regalo, por hacerme feliz. Como nadie ha sabido hacerlo.
Eres perfecta.
Tu melena rubia; llenaba toda la cama de sueños. Tu perfume.. que perfume, más bello, sabor a fresa. Me entraban ganas de comerte. Tus dedos; tan suaves como largos, rodaban por mi cuerpo diciéndome que todo iba a salir bien. Tus piernas; tranquilas, se enredaban entre las mías. Tus brazos; me apretaban fuertemente insistiendo en no soltarme nunca. Ni imaginas cuanto me relajaba eso. Tus ojos; hasta cerrados eran hermosos. Tu sonrisa; no desaparecía ni dormida. Tus dientes; hechos del mejor marfil de todo el mundo, brillaban toda la noche. Tu nariz; la que te daba ese aspecto de niña pequeña, me encanta. Tus orejas tan criticadas por algunas personas a mi me seducían, eras mi pequeña ninfa.
Tu respiración jugueteaba por todo mi cuerpo. Tu latir se unificaba con el mío. Mi alma dentro de tu cuerpo revoloteaba desde una esquina a otra. Mi pelo se ponía de punta al saber lo que pasaba en ese mismo instante por tu mente. Mariposas pensaban una difícil ecuación en tu estómago. Pájaros fabricabas con la mente.
Desperté, ni me molesté en mirarte, fui corriendo a prepararte el desayuno. Paso a paso miraba al suelo, sin poderme creer que hubieses dormido en mi cuarto. Paso a paso. Me acercaba a ti, lentamente. Paso a paso. Se iba mi sonrisa agrandando. Paso a paso. Paso a paso. Y pasó. Mientras levantaba la mirada para visualizarte mejor y darte los buenos días..
- Buenos días princesa..
En ese instante no te vi. No estabas. Habías desaparecido. El único que parecía haberme hecho compañía esa noche era Misifú.